Sergio Pérez de Arce asumió como obispo de Chillán

En una ceremonia privada y resguardando los protocolos emanados de la autoridad sanitaria a causa de la pandemia del Covid-19, este sábado Sergio Pérez de Arce Arriagada ss.cc. fue ordenado como el séptimo obispo de la Diócesis San Bartolomé. La liturgia se llevó a cabo en la Catedral de la capital de Ñuble con la presencia de Mons. Alberto Ortega Martín; el arzobispo de Concepción, Mons. Fernando Chomalí Garib; y el administrador apostólico de Talca, Mons. Galo Fernández Villaseca. Se trató de la primera ordenación episcopal chilena en el contexto de la pandemia y la primera después de más de tres años en que no se produjeron ordenaciones de este tipo en suelo chileno.

El sacerdote fue acompañado también por R.P. Alberto Toutin ss.cc., superior general de la Congregación de los Sagrados Corazones y R. P. René Cabezón Yañez ss.cc., provincial de la misma congregación, además de su hermana Myriam. Los padres y hermanos del nuevo obispo siguieron la transmisión especial desde Santiago y Viña del Mar. En total, solo 15 personas entre obispos, sacerdotes y acólitos fueron parte de la ceremonia que se transmitió para Chile y el mundo.

El rito partió a las 16.00 horas de este sábado con la profesión de fe y promesa de fidelidad por parte del sacerdote en la Capilla El Sagrario, para luego dirigirse hasta el templo central en donde se leyó el mandato apostólico enviado por el Papa Francisco a la Diócesis. El momento de la homilía fue guiado por el Nuncio Apostólico en Chile, monseñor Alberto Ortega, quien en la ocasión señalo que “la Iglesia somos todos, por eso les invito a acompañar al padre Sergio y ayudarlo, estará siempre muy cerca de todos ustedes. Él va a prometer también cuidarlos a ustedes, con amor de padre, ayudado por sus presbíteros y diáconos. El padre Sergio, como pastor de la Diócesis, les ayudará en este camino de salvación como un padre, con una atención muy especial por los más necesitados”, indicó.

Tras la imposición de manos de los obispos consagrantes, el nuevo obispo recibió los signos de la ordenación: un anillo que fue obsequiado por el clero de la diócesis; un sencillo báculo de madera esculpido por Fernando Molina, reconocido artesano de la zona y que fue el regalo de toda la Diócesis San Bartolomé al nuevo obispo; y la mitra, un gesto ofrecido por los diáconos permanentes.

Luego de este signo, el sacerdote que llegó a la ciudad en calidad de administrador apostólico en septiembre del 2019 fue conducido hasta la cátedra episcopal y presentado ante el pueblo de Dios. Desde ahí, monseñor Sergio Pérez de Arce, expresó sus primeras palabras como obispo ordenado a la iglesia de Ñuble. “Me uno especialmente en este día a los que han sufrido y están sufriendo con esta pandemia. A los familiares de quienes han perdido un ser querido por el coronavirus, entre los que hay 37 hermanos de nuestra región de Ñuble. Oramos por ellos y su eterno descanso. Me uno a los enfermos, a los que se sienten solos o angustiados, a los que están pasando un mal momento por las consecuencias económicas de la pandemia. También a los que han estado sirviendo con gran sacrificio en hospitales y otras labores públicas. El Señor nos fortalezca y nos ayude a comprender más lo que significa caminar juntos, habitar juntos un mismo mundo”.

“Como lema episcopal he elegido una palabra que san Pablo le dirige a Timoteo: ‘Reaviva el don de Dios que está en ti’… Elegí este lema, no sólo pensando en mí, sino en toda la comunidad eclesial. Nos ha tocado vivir en tiempos de crisis y ser una iglesia en crisis. La crisis de los abusos, que nos llena de vergüenza y que tanto ha oscurecido nuestro rostro. Una vez más pedimos perdón a las víctimas que han sufrido los abusos y a la comunidad, que con razón se ha escandalizado por estos hechos. Estamos trabajando en los últimos años para forjar una cultura del cuidado y la prevención, para que situaciones de este tipo no vuelvan a repetirse”.

Monseñor Pérez de Arce también tuvo palabras para la crisis social que está viviendo Chile desde octubre pasado y pidió caminar al lado de los que sufren, de los pequeños, de los descartados, de las víctimas de todo tipo de abuso y de miseria. Por último, agradeció a la comunidad de la región: “Una gratitud especial a la Iglesia diocesana que peregrina en Ñuble. Llegué aquí hace un año y 10 meses como un desconocido, para acompañarlos y conducirlos en tiempos difíciles, y ahora Dios me pide que dé mi vida y los ame, como Cristo esposo ama y se entrega por su Iglesia. Gracias por la acogida y por todo lo que ustedes (laicos, sacerdotes, diáconos, religiosas; parroquias, movimientos, colegios) hacen para sostener la vida y la misión que Dios nos ha confiado”, indicó.

Tras la eucaristía, monseñor Galo Fernández señaló que “me alegro de que Sergio, a quien le tengo cariño y respeto, haya sido ordenado obispo de esta iglesia de Ñuble, tengo mucha confianza en que será un pastor cercano que anime la vida de la iglesia”.

Un año y 10 meses

Cabe destacar que monseñor Sergio Pérez de Arce llegó como administrador apostólico a Chillán en septiembre de 2018, a una iglesia diocesana en crisis debido a varias denuncias de abuso contra sacerdotes que estallaron en esos meses previos y que tensionaron a la comunidad eclesial. Tuvo que llevar adelante diversas investigaciones canónicas, que culminaron en meses pasados con la pérdida del estado clerical de cuatro sacerdotes. Pero también asumió la animación pastoral de la Iglesia diocesana, que en sus asambleas se ha propuesto fortalecer la misión evangelizadora, la comunión y la participación del pueblo de Dios y la formación de los agentes pastorales. El pasado 5 de febrero el Papa lo nombró Obispo de la Diócesis, fijándose la ordenación para el 28 de marzo. Sin embargo, la pandemia no permitió formalizar la ordenación, hasta este sábado.

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